Fecha de actualización: Martes 27 de diciembre de 2022
Aunque es en los últimos meses cuando más se ha empezado a hablar del síndrome del trabajador quemado (burnout en inglés), no es nuevo. En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconoció como un riesgo laboral. Dos años y una pandemia después, el problema no ha hecho más que empeorar. La solución va más allá de encontrar un buen equilibrio entre la vida personal y laboral, hace falta un cambio cultural.
Actualmente, el trabajo está sobrecargado de expectativas. Tiene que servir para encontrar un sentido de pertenencia, un propósito e incluso permitir el autodesarrollo, todo ello dictado por un "tremendo mandato de felicidad", señala la terapeuta, autora y presentadora de podcasts Esther Perel a CNBC Make It. Al final, el resultado de estas expectativas poco realistas es una predisposición al fracaso. Según ella, "sentimientos como el desafío o la dificultad no tienen permiso para existir en el trabajo o en la vida".
En ese sentido, Perel considera necesario no responsabilizar a las personas del síndrome del trabajador quemado, centrándose en analizar ese problema desde un punto de vista cultural. No se trata tanto de que la gente trabaje más que cuando lo hacía en una granja, como de que el trabajo moderno representa un sentido de propósito y, sobre todo, "el deseo de más".
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Autora: Marta González
Última visita: 27/12/22