Fecha de actualización: Miércoles 28 de diciembre de 2022
Con la llegada de 2023 a la vuelta de la esquina, los departamentos de RRHH tratan de identificar las oportunidades que se abren de cara a la captación y retención de talento. Pero, al mismo tiempo, este impás navideño sirve para reflexionar sobre los principales peligros para la gestión de personas en el nuevo año.
El principal (o, al menos, el más ruidoso), es el ‘quiet quitting’, esa manifestación de la Gran Dimisión a la española que consiste en el pulido arte ibérico de hacer lo mínimo requerido para ‘cumplir el expediente’. Esta renuncia no tan silenciosa preocupa tanto a las compañías que ya se devanan los sesos para impedir que se extienda durante 2023.
Durante este año, los ingresos del sector privado han caído en relación con el PIB en la mayor brecha en más de 10 años, con un 3,4%. Un indicador clave para entender este fenómeno. Pero es que, además, según Gallup el nivel de engagement de los empleados ha caído al 32% en EEUU. Y en Europa es donde realmente apreciamos este deterioro: solo el 15% de los empleados siente comprometido con su compañía.
En cualquier caso, estos datos nos hablan solo de parte del problema. La otra responde a una derivada de esa falta de compromiso: la tasa de absentismo laboral ha vuelto a crecer en 2022. Una tendencia que vimos durante los peores meses de 2020, cuando el coronavirus irrumpió en nuestras vidas (y puestos de trabajo) y que terminó por superar el 8%, algo nunca visto hasta entonces.
Bien es cierto que la pandemia, que ha provocado hasta ahora 117.000 muertos en España, supuso una auténtica crisis sanitaria y que, en plena redefinición del mercado laboral, buena parte de ese absentismo laboral respondía a los efectos del Covid-19, físicos y emocionales.
observatoriorh.com
Última visita: 28/12/2022