Fecha de actualización: Jueves 2 de marzo de 2023
Existe una amplia variedad de procedimientos de soldadura, y todos siguen basándose en un principio básico, subir la temperatura del punto de unión hasta conseguir la fusión del metal. Este proceso provoca lo que llamamos “los humos de soldadura” que están compuestos por partículas metálicas y gases.
De estos ya se sabe que son muy perjudiciales para la salud del trabajador. Los efectos que pueden aparecer a corto plazo suelen ser, mareos, nausea, irritación ocular y de las vías respiratorias, o intoxicaciones, y detectándose también casos de desarrollar distintas enfermedades profesionales a medio y largo plazo. También para la mujer expuesta se tiene que tener en cuenta los efectos teratógenos, pues ciertas sustancias implicadas pueden perjudicar el desarrollo del feto durante el embazo.
Recientemente estos humos de soldadura, han sido clasificados por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer cómo “cancerígeno para los humanos” encuadrándolos en el grupo I. Esto supone una subida de nivel respecto a lo que se consideraba antes que estaba encuadrado en el grupo 2B calificándolo como “posible cancerígeno para los humanos grupo”
La cantidad y el tipo de humo que se genera al soldar, varía según el proceso de soldadura que se utilice y de factores como la potencia que se aplica; el punto de fusión de los metales que intervienen; o el tipo de recubrimiento que lleva la pieza a soldar, si tiene pintura, algún tipo de barniz, plásticos etc.
La exposición del trabajador a estos humos y la incidencia en su salud va a depender en gran medida de:
– Las condiciones particulares de cada trabajo
– Tipo de soldadura y materiales soldados
– El Equipo de trabajo que se usa para soldar
– Tiempo de exposición a los humos
– Calidad de ventilación
– Los equipos de protección Individual
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Última visita: 02/03/23