Fecha de actualización: Viernes 17 de enero de 2025
El uso diario de la tecnología ha reducido profundamente la forma en que se maneja y procesa la información. Hoy en día, es habitual disponer de dispositivos digitales, como teléfonos móviles y ordenadores para almacenar datos, programar recordatorios o, incluso, realizar operaciones matemáticas básicas. Una práctica que ha disminuido significativamente la necesidad de recordar información por uno mismo, lo que, a largo plazo, afecta al entrenamiento de la memoria y a la capacidad de retención.
Esta dependencia de la tecnología afecta también a la necesidad de realizar esfuerzos cognitivos activos, como recordar un número de teléfono o hacer cálculos rápidos. A medida que se delegan estas funciones a la tecnología, la capacidad de realizar estas tareas de manera autónoma se ve comprometida, lo que provoca una especie de «entumecimiento» cognitivo y limita las habilidades naturales. Tanto es así, que la Real Academia Nacional de Medicina ya advierte que la utilización excesiva de la inteligencia artificial debilita la retención de conocimientos, y reduce la capacidad de resolver problemas y pensar críticamente. Un hecho que, unido la alta prevalencia de los problemas de salud mental, ha favorecido la aparición de la niebla mental, un fenómeno a menudo asociado a la disminución de las capacidades de concentración y memoria, que tiene como consecuencia una mayor dificultad para gestión y procesar adecuadamente la información. Y es que, el cerebro tiene una capacidad limitada para procesar y retener datos, y la exposición a múltiples estímulos a la vez y a información constante puede generar sobrecarga mental, reduciendo la atención en tareas importantes y la toma de decisiones. Una situación especialmente preocupante teniendo en cuenta que el 31% de los españoles afirma tener dificultades para mantener la concentración como consecuencia del estrés, tal y como muestra el estudio Cigna International Health.
rrhhdigital.com
Última visita: 17/01/2025