Fecha de actualización: Martes 29 de noviembre de 2022
Alta exigencia, estrés, desmotivación, falta de conexión con el equipo, un liderazgo mal ejecutado, unos incentivos no adaptados a los nuevos tiempos... Podríamos estar horas comentando elementos que están provocando un fenómeno que está intensamente relacionado con la guerra por el talento que existe en el mundo corporativo actual. Hablamos de la dimisión silenciosa -o ’quiet quitting’ en inglés- que, en definitiva, tiene mucho que ver con la actitud de los trabajadores y su motivación y engagement con su empresa y puesto de trabajo.
En este sentido, aquellos empleados que están mostrando aspectos relacionados con esta dimisión silenciosa son trabajadores cuya desmotivación y bajo sentimiento de pertenencia les provoca realizar su actividad sin pasión, con una actitud conservadora y poco proactiva aunque sin llegar a renunciar a su trabajo. Estas personas, que habitualmente proceden de un periodo de alta intensidad de trabajo, son menos productivas aunque siempre manteniendo un nivel mínimo exigible para permanecer en su puesto de trabajo. Y aunque sigan manteniendo ese nivel de actividad ’aceptable’, sí que suponen un gran problema para las compañías, sus líderes y sus equipos.
En definitiva, la dimisión silenciosa provoca que la productividad, la creatividad, la agilidad, la eficiencia y la eficacia se reduzcan, algo que, sin duda, se posiciona como enemigo número uno de los recursos humanos y las empresas en la actualidad, en un periodo de gran competencia, no solo a nivel económico sino también a nivel de talento.
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Última visita: 29/11/2022