Fecha de actualización: Lunes 9 de marzo de 2026
Sin embargo, esa misma rutina puede invisibilizar riesgos graves, especialmente cuando los productos químicos se combinan sin control. Lo que parece un gesto inocuo —reforzar un desinfectante con otro, mezclar dos limpiadores o reutilizar envases— puede desencadenar reacciones químicas capaces de generar gases irritantes, tóxicos e incluso letales.
Desde la prevención de riesgos laborales, el riesgo químico en limpieza sigue infravalorado. La Ley 31/1995 y el RD 374/2001 obligan a evaluar la exposición a agentes químicos y a garantizar que su uso se realice de forma segura. Sin embargo, en la práctica, muchas intoxicaciones ocurren porque las personas de limpieza no reciben información suficiente sobre las incompatibilidades de los productos ni sobre los efectos reales de su combinación.
Mezclas peligrosas: cuando la limpieza genera toxicidad
El riesgo más conocido —y también el más frecuente— es la mezcla de lejía con amoniaco, que libera cloraminas capaces de provocar irritación ocular, broncoespasmos y quemaduras respiratorias. El manual de buenas prácticas de uso de químicos del INSST recuerda que también existen reacciones peligrosas al mezclar lejía con ácidos (salfuman por ejemplo), desinfectantes con desincrustantes (por ej.: sanytol ® con viakal ®) o detergentes alcalinos con productos oxidantes (por ej.: KH-7 ® quitagrasas con lejía común).
Estas reacciones no siempre generan un olor evidente. A veces la exposición se produce en espacios mal ventilados como baños, almacenes o cuartos de limpieza, donde la acumulación de vapores puede causar mareos, náuseas, dolor torácico y pérdida de consciencia. La toxicidad, por tanto, no depende solo de la sustancia, sino también del lugar y del modo de uso.
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Última visita: 09/03/2026